Los agentes de IA ya no son cosa de empresas tecnológicas. Están en el móvil y en el ordenador, y pueden gestionar tu calendario, completar una compra o hacer una reserva en tu nombre. Para quien va justo de tiempo, eso es una ayuda enorme.

La AEPD ha publicado un decálogo para personas usuarias que me parece útil sobre todo por su enfoque: no dice «no los uses», explica cómo usarlos con criterio. Yo lo leo como una guía de buena delegación, y delegar es algo que los humanos llevamos practicando, con más o menos acierto, desde que existen los equipos.

¿Qué diferencia hay entre un asistente y un agente de IA?

Un asistente responde a lo que le preguntas. Un agente va un paso más allá: persigue un objetivo, lo divide en pasos y decide cómo realizarlos. «Organiza la cena» o «revisa mi correo y encárgate de todo» son órdenes para un agente.

La AEPD lo explica así: cuando el asistente solo responde, un error es una respuesta equivocada. Cuando actúa, un error es un correo enviado, un archivo compartido, una compra o un consentimiento dado en tu nombre. Por eso delegar bien importa más con un agente que con un chatbot.

Cinco preguntas antes de delegar

Antes de conectar nada, la AEPD propone hacerse cinco preguntas:

  • ¿Qué puede ver?
  • ¿Qué puede recordar?
  • ¿Qué puede hacer en mi nombre?
  • ¿Adónde envía mis datos?
  • ¿Afecta a alguien más?

Mi consejo: si no sabes contestar alguna de las cinco, no conectes todavía esa cuenta.

Las diez reglas de buena delegación según la AEPD

Las he agrupado en tres momentos para que se lean mejor. La numeración es la del decálogo original.

Antes de empezar: a quién abres la puerta y qué le enseñas

  1. Revisa a quién le das las llaves. Un asistente con acceso a tu correo, tu agenda, tus archivos o tus pagos llega a buena parte de tu vida digital. Elige servicios de empresas identificables, que expliquen adónde van tus datos y te dejen ejercer tus derechos en la UE, y revisa las opciones de privacidad, memoria y uso de tus datos para marketing o entrenamiento. Si puedes, da prioridad a los que procesan los datos en tu propio dispositivo.
  2. Concede accesos, no cheques en blanco. Poder acceder no es lo mismo que necesitar acceder, y leer no es lo mismo que enviar, modificar o borrar. Cuando el servicio lo permita, dale solo lectura y acceso a lo necesario (una carpeta, un calendario), no a toda la cuenta. Revisa de vez en cuando qué tienes conectado, sobre todo cuando llegan funciones nuevas.
  3. Dale lo mínimo y protege lo delicado. Cuanta más información tiene, mayor es el daño si se equivoca o si lo engañan. No escribas contraseñas, códigos ni números de tarjeta en la conversación, y quita de los documentos los nombres y datos que la tarea no necesita.
  4. Decide qué puede recordar de ti. La memoria hace más útil al asistente, pero va construyendo poco a poco un perfil. Según la AEPD, borrar un chat, borrar la memoria y eliminar una aplicación conectada no tienen el mismo efecto, así que conviene usar los controles de memoria e historial del propio servicio. Para asuntos delicados, usa conversaciones temporales.

Mientras trabaja: límites, confirmaciones y mirada crítica

  1. Dile también lo que no debe hacer. A quién puede escribir, cuánto puede gastar, qué no debe tocar y cuándo tiene que parar y preguntarte. Empieza por tareas pequeñas y reversibles. Y ojo: lo que escribes en la instrucción orienta al agente, pero no sustituye a los permisos que le has dado.
  2. Confirma lo importante. Activa la confirmación previa para enviar, publicar, compartir, borrar, pagar, contratar o aceptar condiciones. Evita el «permitir siempre» y lee de verdad lo que apruebas: destinatario, importe, fecha, adjuntos. Las decisiones legales, económicas o de salud, y las que afectan seriamente a otra persona, no deberían ejecutarse sin tu revisión. La AEPD recuerda además que puedes ser responsable de lo que dejas hacer a tu agente.
  3. Desconfía también de lo que lee. Una web, un correo, un PDF o una invitación de calendario pueden llevar instrucciones ocultas, incluso invisibles (texto blanco sobre fondo blanco), pensadas para que el agente haga otra cosa. Ninguna medida elimina este riesgo por completo, así que la protección es limitar lo que el agente puede hacer si lo engañan. La AEPD pone un ejemplo claro: evita órdenes como «resume mis correos nuevos y responde a todos», donde se juntan contenido de desconocidos, acceso a tu información privada y capacidad de actuar. Si necesitas esa combinación, haz que te pida confirmación antes de cualquier acción hacia fuera.

Alrededor: otras personas, tu cuenta y cómo parar a tiempo

  1. Protege también los datos de los demás. En tu correo, tu agenda y tus contactos hay información de familiares, clientes y compañeros que no han decidido relacionarse con esa IA. Que tú lo autorices no te da vía libre para usar los datos de otros. Piensa quién más está en una fuente antes de conectarla y, si el agente se comunica con otras personas en tu nombre, evita que se confundan sobre quién actúa.
  2. Protege tu cuenta y tu dispositivo. La cuenta del asistente es la llave de todo lo que tiene conectado: contraseña única y segura, verificación en dos pasos o passkey, y solo complementos y conectores de origen conocido. Si el agente controla un navegador, puede acceder a las páginas en las que ya hayas iniciado sesión; para tareas delicadas, usa un perfil o una sesión separados.
  3. Supervísalo, aprende a pararlo y retira sus accesos. Delegar no es desentenderse. Averigua cómo detener al agente antes de necesitarlo, revisa su historial de actividad y mira en las aplicaciones afectadas qué se ha enviado o cambiado. Presta atención especial a las tareas programadas, que siguen funcionando cuando tú no estás. Y si algo falla: detenlo, desconecta las aplicaciones afectadas, cambia las contraseñas, comprueba qué se ha enviado y avisa a quien pueda verse afectado.

Delegar en un agente es delegar: lo que ya sabes de liderazgo

Esta es mi lectura, no la de la AEPD: casi cada regla tiene su equivalente en cómo incorporamos a una persona nueva a un equipo.

  • El primer día no le das las llaves de toda la oficina (reglas 1, 2 y 3).
  • Le explicas qué se espera de ella y qué no (regla 5).
  • Empiezas por tareas pequeñas, de las que se pueden corregir (regla 5).
  • Antes de que mande algo importante a un cliente, te lo enseña (regla 6).
  • Miras cómo va y ajustas (regla 10).

Como socióloga, me interesa justo eso: la delegación es una relación de confianza, y la confianza se construye por pasos. Con un agente pasa lo mismo, con una diferencia importante. Una compañera nueva suele notar que una instrucción es rara; un agente puede seguir una orden escondida en un PDF sin cuestionarla. Por eso las reglas 6 y 7 pesan tanto.

Si lo usas en el trabajo

El decálogo tiene un apartado específico para el entorno profesional. La AEPD pide usar solo los asistentes autorizados por tu organización y conectar únicamente las cuentas, aplicaciones y datos que ella haya autorizado. Que una herramienta sirva en tu ámbito personal no significa que sea adecuada para uso profesional. Tampoco conviene instalar agentes por tu cuenta en el equipo de trabajo ni conectar el correo o los documentos profesionales a una cuenta personal de IA. Los datos de clientes, pacientes, alumnos o ciudadanos siguen siendo responsabilidad de la organización, y ante la duda, la AEPD recomienda consultar a la persona delegada de protección de datos (DPD).

Si además te preguntas qué exige la ley europea de IA a tu empresa, lo expliqué en la checklist del AI Act para autónomos y pymes. El decálogo de la AEPD es una guía de recomendaciones y no sustituye al asesoramiento jurídico.

Por dónde empezar esta semana

Una propuesta mía, no del decálogo: elige una sola tarea pequeña que se pueda deshacer, por ejemplo que te prepare un borrador de respuesta que luego envías tú. Dale solo lectura, deja activada la confirmación para cualquier acción hacia fuera y, al terminar, mira el historial: qué ha hecho y a qué ha accedido. Si todo cuadra, amplía un poco el margen. Si algo te sorprende, ya sabes cómo pararlo.

Mi opinión

Me gusta este decálogo porque trata a la persona usuaria como alguien capaz de decidir. Y me gusta la palabra «delegar», porque recuerda que seguimos siendo nosotras quienes respondemos de lo que se hace en nuestro nombre.

Un agente bien delegado te devuelve tiempo. Uno mal delegado te da trabajo extra. La diferencia casi nunca está en la tecnología: está en cómo se lo pides y en qué le dejas hacer.

Preguntas rápidas sobre agentes de IA y privacidad

Un chatbot o asistente responde a lo que le preguntas. Un agente persigue un objetivo, lo divide en pasos y decide cómo realizarlos, y puede actuar en tu nombre: enviar un correo, compartir un archivo, hacer una reserva o una compra. Por eso la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) recomienda decidir de antemano qué puede ver, recordar y hacer.

Depende de cómo lo configures. La AEPD recomienda dar el acceso mínimo (solo lectura si es posible y limitado a lo necesario), activar la confirmación previa para enviar, publicar, pagar o borrar, y revisar de vez en cuando qué tienes conectado. Ninguna medida elimina todos los riesgos, por eso lo más eficaz es limitar lo que el agente puede hacer si alguien consigue engañarlo.

Son órdenes escritas en una web, un correo, un PDF o una invitación de calendario, a veces invisibles para ti (por ejemplo, texto blanco sobre fondo blanco), pensadas para que el agente haga algo distinto de lo que le pediste, como enviar tus datos o abrir un enlace. En inglés se conoce como prompt injection. La AEPD aconseja evitar las tareas en las que el agente gestiona contenido de desconocidos y a la vez tiene acceso a tu información privada y capacidad de actuar.

No necesariamente. Según la AEPD, borrar un chat, borrar la memoria y eliminar una aplicación conectada no tienen el mismo efecto. Para quitar información conviene usar los controles de memoria, historial y privacidad del propio servicio y, si hace falta, ejercer los derechos de acceso y supresión.

La AEPD advierte de que puedes ser responsable de las acciones que has permitido ejecutar a tu agente. Por eso recomienda leer lo que apruebas (destinatario, importe, fecha, adjuntos) y no dejar que ejecute sin tu revisión decisiones legales, económicas o de salud. Para un caso concreto, consulta a un profesional del derecho.

Solo si tu organización lo ha autorizado. La AEPD indica que se usen únicamente los asistentes autorizados, que no se instalen agentes por cuenta propia en los equipos de trabajo y que no se conecten el correo o los documentos profesionales a una cuenta personal de IA. Ante la duda, consulta a la persona delegada de protección de datos (DPD) de tu organización.

Este artículo es divulgativo y no sustituye el asesoramiento jurídico. Se basa en el decálogo «Asistentes y agentes de IA: decálogo para personas usuarias» de la AEPD (documento original en PDF). ¿Quieres que tu equipo o tu asociación aprenda a delegar en agentes con criterio? Cuéntame tu caso.