La comunidad IA adora N8N ahora mismo. Yo también. Hasta que no funcionó.

Soy socióloga. A los 25 años quería entender el mundo, no escribir código. Todavía recuerdo a mis compañeros de carrera hablando de esa nueva tendencia de los smartphones. Me parecía exagerado.

Hoy soy educadora de IA. Y la semana pasada escribí Python.

Un cliente necesitaba una automatización. Make.com no podía hacerlo. N8N tampoco. Así que solo quedaba una opción: la de siempre. Sin drag-and-drop, sin interfaz bonita. Solo código.

Perplexity me fue guiando paso a paso.

Tardé días. No horas. Días. Depurando, corrigiendo, volviendo a depurar, corrigiendo de nuevo. Y en algún momento funcionó.

El script corre. El cliente está contento. Yo estoy orgullosa.

Lo que nos venden — y lo que es

Pienso en lo que nos venden cada día. Los flujos perfectos. Las automatizaciones de 20 minutos. Todo tan fluido, todo tan fácil.

La realidad es más desordenada. Y, honestamente, más interesante.

La socióloga que hay en mí lo encuentra coherente. Las personas son complicadas. Los procesos son complicados. La IA es una herramienta, no un milagro. Y a veces el dinosaurio de treinta años es la mejor solución disponible.

La herramienta correcta no es la que está de moda

Lo que me llevo de esta experiencia no es que Python sea mejor que N8N. Es que la herramienta correcta depende del problema — y que nadie debería descartarla solo porque tenga mala reputación de "difícil".

Con el acompañamiento adecuado — en este caso, Perplexity como guía paciente — el código que parecía inaccesible se vuelve manejable. No fácil. Manejable.

Esa distinción importa. La IA no elimina la dificultad. La hace navegable.

Nunca sabes dónde vas a acabar.

Pero Python, resulta, siempre cumple.

¿Tienes una automatización que parece imposible? A veces una conversación de 30 minutos es suficiente para ver qué opción tiene sentido para tu caso.